Derechos Humanos, tecnologia

Redes sociales: de amores y odios

images“Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio nobel. Es la invasión de los idiotas. La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”. Humberto Eco.

El anterior comentario de Humberto Eco genera reacciones tan contradictorias que en su intensidad podrían compararse, con los sentimientos que, parece, le provocan las redes sociales a Eco.

Personalmente, hay una parte del comentario de Eco que sigue sin gustarme. Es ese posicionamiento desde la esquina del ego, de ese que pone a algunos como los dueños del saber y a otros como los simples “idiotas” que no deberían abrir sus bocas para opinar.

Dice Eco refiriéndose a los “idiotas” que pululan en las redes sociales que “ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel”. Nada más falso! No es ahora que tienen el mismo derecho, es que siempre lo han tenido; se le llama libertad de expresión y no distingue entre unos y otros. Es un derecho universal que se ha potenciado conforme la tecnología ha permitido replicar con mayor facilidad la voz de cada persona.

Creo que el tema sobre el uso de redes sociales va más allá de si debería ser para los “inteligentes” o no. Nos plantea ante una nueva forma de comunicación, una donde nos declaramos como novatos, como aprendices de ese espacio digital donde pareciera que, para algunos, los derechos son diferentes, o se derogan de facto.

Recientemente, se planteaba una discusión en el Parlamento de Costa Rica con ocasión de la iniciativa presentada por un legislador para generar normativa que regulara las ofensas en Internet, especialmente en redes sociales. La propuesta tiene un error de origen y es el de hacer la diferencia entre la identidad física y la identidad digital.

Si nuestra interacción en el entorno digital se da partiendo del hecho de que somos una persona diferente de la que interactúa en el espacio físico, será más fácil que terminemos haciendo comentarios, compartiendo contenidos que en el espacio físico, no se nos ocurriría compartir, sea porque conocemos las consecuencias legales de ello, o porque tenemos otro tipo de inhibitorios: culturales, religiosos, familiares, etc.

La dignidad, el honor y el ejercicio de los derechos y las obligaciones derivadas de ello, son las mismas en línea que fuera de línea. Una interacción responsable, respetuosa es, por mucho, un presupuesto a tomar en cuenta en toda comunicación humana, independientemente de que sea en Internet o en persona.

Pensar en que se requiere una normativa específica para la interacción en internet, es “desdoblar” al ser humano y generar muchísima más confusión sobre el contenido y ejercicio de los Derechos Humanos en línea, los que sobra reiterar, son los mismos que ya tenemos.

Y es que esa necesaria reiteración de la dignidad humana en línea, con todos los derechos derivados de ella, nos hace replantear las palabras de Eco con las que inicia esta reflexión. No se trata de que unos tengan más derecho que otros a hablar, a expresar sus ideas. Lo que la tecnología, y en especial, las redes sociales ha hecho evidente, es que hemos conocido la voz de aquellos que hasta hace poco solo eran escuchados por unos pocos y decididamente censurados.

Conocer esas voces, aunque no coincidamos con sus posiciones, nos acerca a una radiografía más real del país que tenemos, de nuestras debilidades, nuestros demonios y la desinformación o la super-información con la que contamos al momento de emitir un criterio.

Yo no le tengo miedo a las palabras que se expresan en redes sociales, por más tontas que nos parezcan; le tengo miedo a lo que hay detrás, a ese país con formas de discriminación solapadas, con odios alimentados culturalmente y debilidades en las oportunidades reales de educación para cada vez más personas.

Me pesa el que vamos dejando atrás, que se niega a ello y “grita” en una red social,  y su grito despierta el asombro ante lo irreverente o irrespetuoso que pueda ser. Un asombro que me permite acercarme a un país que, en definitiva, puede ser muy distinto del que imaginábamos desde el silencio.

La exclusión y la discriminación se replican en el entorno digital. No son muy diferentes de la existente en el entorno físico. Quizás lo diferente es la posibilidad de que sea tan replicada que causa un mayor daño.

Internet ofrece un mundo de oportunidades. El drama de Internet es que esas oportunidades no están al alcance de todas las personas, o no logran ser potenciadas como se quisiera. Pero, no es acaso el drama humano también aquel  de la desigualdad? Hasta en eso Internet nos desnuda.

Al final, la convivencia humana, en cualquiera de sus formas, continua siendo el gran reto!

 

 

 

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