Motivación, Razones de vida!

Abrir, sacar, cerrar!

Lo había postergado por bastante tiempo, unos añitos. Los doctores decían, es ya, necesitamos sacar ese útero porque está haciendo mucha presión en otros órganos. Ya antes habían intentado salvarlo con una cirugía para quitarle los “miomas”, pero muy poco tiempo después ahí estaban de vuelta, presionando, sin que hubiera ya ninguna posibilidad de salvar el útero.

Recuerdo que tenía mucho miedo, busqué muchas opiniones médicas y todas coincidían en algo: “sáquese esa vaina, solo está estorbando”. 

Le comenté a mi jefa de ese entonces, además doctora, y me dijo, dele, no lo postergue. Si alguna vez se decide yo la acompaño. Ok, qué buena nota, pensé y con el tiempo olvidé la promesa.

Y bueno, decidí, cuando sentí el valor, iniciar el trámite mi operación y se me fijó fecha: 22 de febrero. Mirá, 22 como la fecha de mi cumpleaños, solo que dos meses antes, pensé. El tiempo pasó y me fui “preparando” para el momento.

Como dato curioso, una semana antes de operarme me llegó a la oficina un paquete procedente de México. Era un rosario y un escapulario, decía, “si lo portas no morirás de forma violenta”. Mi primera confesión: hoy en día no tengo la menor idea cómo me llegó eso, por qué de México y quien lo enviaba. Hace ya bastante tiempo dejé de practicar el catolicismo, que era mi religión base, y tampoco nunca fui devota mariana, por lo que me desconcertó un poco. Lo tomé un poco en broma y pensé, mirá ya estoy lista para operarme! 

Bueno, me interné, empecé ese proceso que de verdad que es único. Cuando entrás a un hospital como paciente, es como si el tiempo se detuviera, ya vestida siente una, no se, como que se pierde en medio de miles de historias. En todo caso, según mis cuentas, me internaba, al día siguiente me operaban y al otro salía. La operación podría durar máximo un par de horas y todo tranquilo: abrir, sacar, cerrar!.

Bueno, llegó el día…y empezó el milagro.

Me alistaron y lo primero fue ver en la puerta del salón donde esperaba para ir a cirugía a la Dra. Quesada, mi ex jefa. Le dije, doña Lisbeth ¿qué hace acá? Me dijo, yo se lo prometí, que si se operaba la acompañaba, y venía a decirle que ahí voy a estar en el quirófano con usted, así que tranquila. 

Bueno, con esa tranquilidad, entré al quirófano. ¡Los doctores molestaban que les había llevado una doctora de testigo, por aquello de la mal praxis! Recuerdo que lo último que me dijeron fue, ¿y cómo se llama? Hazel, dije…. Ah yo tuve una novia con ese nombre…..escuché, y ya con el efecto de la anestesia me perdí en un sueño profundo.

Desperté, no se cuánto tiempo después, y escuché voces a mi alrededor. Recuerdo a mi mamá y hermana que hablaban… pregunté, ¿dónde estoy? Me dijeron, en cuidados intensivos y recuerdo que dije “…. a la puta”. Pensé, ¿diay qué pasó si era abrir, sacar, cerrar? Dormí, dormí…

Ya más consciente me desperté y empecé a ver personal que pasaba a verme, el cirujano, enfermeros, y me decían…. Es que si supiera lo que fue su operación, y se iban como asombrados de verme VIVA!. Luego llegó el jefe de cirugía del Hospital diciéndome que tenía que explicarme lo que había pasado. Yo me sentía débil, con sangre y suero, con una herida que le daba la vuelta al ombligo y terminaba en la pelvis, pero la verdad, aparte de eso, me sentía como bien, tranquila, era un estado extraño que aún hoy cuando lo recuerdo lo identifico. 

Bueno, el jefe de cirugía me explicó que mi cirugía se había complicado, se había tardado 5 horas. Por tener un síndrome adherencial, al abrir se encontraron todos los órganos pegados, que para llegar al útero tuvieron que hacer un trabajo grande, que eso pues hizo que fuera bajando mi presión, sangre…en fin… ¡la cosa se puso complicada! Que tuvo que entrar al quirófano a ayudar al cirujano principal y tomar algunas decisiones. Ya por ese punto yo estaba con los ojos pelados, ¿cuáles decisiones? Bueno, estuvieron a punto de dañar un intestino pegado con un ovario, en fin…..al final…..útero y un ovario fuera, el otro no se jugaron el chance de sacarlo. Entonces, ¿todo bien? Dije yo…. Sí, pero la vimos complicada, me dijo el doctor.

Luego llegó la doctora Quesada y me contó lo que había ocurrido ahí adentro. Me dijo, mi hijita, usted estuvo del otro lado por un momento, sus compañeros rezaron mucho por usted. Ella había salido del quirófano y comunicado en la oficina lo que pasaba a un grupo de compañeros muy devotos, ellos se organizaron y empezaron a orar por mi. 

Estuve 7 días en cuidados intensivos, en esos días, llegaba gente a verme, de los que habían participado en mi cirugía, se asomaban y me veían como “asombrados” y se iban. Nota curiosa, el cirujano, que no podría entrar a verme, creo que estaba un poco traumado, una vez se animó, se paró enfrente de mi cama y me dice “usted no tiene idea de lo que pasó” y se iba…yo le sonreía algo perdida y hasta como pensando, qué exagerado (esto porque los días pasaban y yo cada vez me sentía mejor). Tiempo después, curiosamente, en un seminario un compañero se lo encontró, conversaron al respecto y mi compañero me llamó y me lo puso al teléfono, yo le agradecí y el me contó: “el día de esa cirugía llegué a casa y creo que me tomé varios tequilas del cansancio y estress que llevaba” Estaba contento de saber que yo estaba bien y yo de haber podido agradecerle.

Bueno, recuerdo que todos los días entraba un hombre alto, negro, se paraba frente a mi y me decía, ¿cómo se siente?, yo respondía, y se iba… Me acostumbré a verlo y pensé, diay, un enfermero o alguien que participó en la operación. Mi sorpresa fue el último día cuando entró, me saludó amablemente y salió. La enfermera de la unidad encargada le dijo a otra: ¿y él quién es? Le dije, diay es del equipo de ustedes, viene siempre. Me dijo, “no lo conozco y nunca lo había visto acá”. ¡Siempre me llevé en mi corazón que era un Ángel, me gusta creerlo así!

Esos días los recuerdo siempre …. Me atendieron muy pero muy bien en todo momento. Ya mejor terminé asesorando funcionarios por quejas que tenían, eso era signo que ya me sentía bien.

Sin embargo, lo que más recuerdo es lo que siente uno en un hospital, hay miedo, incertidumbre, frío, el tiempo pasa tan pero tan lento, de pronto te dormís y te despierta el movimiento de cuando te están dando un medicamento o aplicando un procedimiento. Es tan vulnerable el ser humano en ese momento, que cada vez que entra un profesional de la salud tratas de buscar en su mirada alguna señal de esperanza, una palabra, algo que te haga sentir …todo está mejorando. Esa sensación la guardo conmigo, me marcó mucho y siempre intento desde la docencia o mi trabajo aprovechar la experiencia para sensibilizar sobre el papel que juegan esos héroes y heroínas de la salud en la construcción de esperanza para una persona enferma. 

Bueno, el tiempo pasó, salí del hospital y acá estoy. Contando una de las experiencias que más me ha marcado. Otras cosas muy espirituales pasaron, las cuales conocí luego, hablando con personas que habían estado en esa oración que se hizo en mi nombre. Todo ello lo guardo en mi corazón; entendí que me habían dado otra oportunidad. ¡Prometí honrar este segundo tiempo de vida!

Al salir estaba esta imagen que guardo conmigo, incluso hoy, 9 años después. ¡Total, sí se trataba de abrir, sacar y cerrar! Sacar lo malo, lo que no nos deja avanzar, sanar y cerrar procesos, agradeciendo la bendición de la vida.

Razones de vida!

Bienvenido 2020!

Te recibo con alegría!

Iniciar un año es aventurarse a explorar la vida y con ello retarse ante las posibilidades visibles y no tan visibles que se nos presentan. Dicen por ahí que el 2020 será complicado, que Urano entra en Tauro, lo cual no se muy bien qué significa, pero que al final lo complica todo. Pese a ello, también se predicen muchas oportunidades para quienes deseen montarse en la ola de los cambios y la reinvención.

Para mi, es realmente un año de esos parte aguas. Cumplo 50 años. A esta altura de la vida, creo conveniente detenerme un momento y revisar dónde estoy y dónde quiero estar en el segundo tiempo de la vida.

Pensé seriamente en hacer mil y una cosas para celebrar este cumpleaños del 2020, desde hacer efectivo mi tan retrasado viaje a Italia, hasta simplemente hacer un retiro espiritual, donde repasar y poner en orden lo que hasta ahora se ha vivido y lo que quisiera me encuentre o yo provoque.

Y bueno, en esas estaba, medio filosófica, nostálgica, pensativa, hasta que nos cayó la Pandemia del COVID-19. Y todo el mundo -literalmente- se movió. Se replantearon cosas elementales como el ejercicio de la alegría de escabullirse por ahí con los seres queridos, o fundirse en un abrazo. De pronto necesitamos estar alejados físicamente, volver a prácticas básicas de higiene y valorar con otros ojos la vida que tenemos, para algunos con muchos privilegios, para otros colmada de limitaciones que se presentan sin mayor filtro ante nuestros ojos algo inocentes.

En este escenario, ya amanecer y cumplir años está bien, significa que estamos vivos. Y si a ello le sumamos tener comida, un techo, un trabajo, familia, amigos, ropa, salud, sencillamente somos parte de ese grupo privilegiado que, especialmente ante la emergencia que vivimos, pero no solo en este momento, tiene la obligación de hacer sentir a otros que esto lo pasamos entre todos.

Parece que el 2020 es el año de la solidaridad, de salir de las burbujas que se construyen muchas veces por temor, otras por orgullos, para que explote en otros las posibilidades de pasar esta crisis dignamente, con sus necesidades básicas cubiertas, con la esperanza que al final, la gente se la juega por la gente, que aún es posible el gesto desinteresado, la solidaridad, el dejar de lado el sentido de otredad y construir un nosotros con rostros más allá del círculo que a diario nos rodea.

Bueno, definitivamente ni en mis mayores desvaríos hubiera pensado que ese “retiro” que me planteaba iba a ser originado por una pandemia mundial. Pero así es la vida de caprichosa, como dice la canción. Toca ponerse a la altura de los tiempos y hacer efectiva, de todas las formas posibles, la solidaridad!.

Pese a todo, y convencida que esta emergencia sanitaria hará una depuración energética colectiva como pocas veces en la historia de la Humanidad, ratifico la esperanza con la que recibí este 2020, soñando con tiempos mejores para todos.

Y bueno, como todo lugar es el perfecto para el acá y el ahora, toca abrir y sacar todo aquello que impida ver la vida con mayor ilusión y alegría, de forma tal que las heridas sanen y los buenos recuerdos sean pilares donde nos apoyemos en estos tiempos de tanta incertidumbre. Vamos por más!